Escenas de un viaje por Wiltshire

Para quien conoce los monumentos megalíticos de las islas Orcadas y las Hébridas, visitar los círculos de piedra de Wiltshire supone correr el riesgo de una decepción. Hace ya tiempo que la masificación de Stonehenge durante la temporada turística imposibilita cualquier disfrute del más conocido de los círculos de piedra prehistóricos, haciendo bastante más productiva la lectura en un pub de la cercana Salisbury del capítulo a él dedicado en el excelente The Making of the British Landscape de Francis Pryor o del folleto ilustrativo e ilustrado del National Trust. Incluso cuando se visita el círculo fuera de la temporada turística y a horas tan intempestivas como el horario de apertura del monumento lo permita, la propia instalación merma el impacto y el interés. Es posible que la construcción de un nuevo visitors centre -en progreso desde hace algunos meses y cuya conclusión se prevé para 2014- mejore algo las cosas. Aunque también es posible que termine de estropearlas.

Tal vez por estas razones tenía muchísimo interés en visitar Avebury. Aunque, también precisamente por ellas, me encaminé hacia allí con aprensión y desconfianza. Veníamos del oeste, de Gales, y, tras pasar por Stonehenge -mi acompañante desconocía la zona y quiso correr el riesgo-, subimos desde Amesbury por la 345, una estrecha carretera que corre hacia el norte en paralelo al río Avon atravesando granjas convertidas en casas de recreo y pequeños pueblos que llevan el nombre del río en el suyo.

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Se había nublado entre Netheravon y Enford, cuando paramos a fotografiar un pequeño grupo de casas tradicionales de la zona

Paramos en Upavon para almorzar. En el centro del pueblo dos posadas se disputan la una frente a la otra a quienes aparcan en el ligero ensanche de la carretera al cruzarlo: The Antilope Inn y The Ship Inn. Aunque la primera anunciaba Dinner Al Fresco y Patio Accomodation, la segunda parecía más acogedora para un almuerzo y entramos en ella, no sin prometerme volver un día y dormir en la otra. Dio igual. Ese día viajábamos con retraso y ambos locales habían cerrado ya la cocina. Un golden retriever dormía plácidamente sobre el suelo de madera, en el centro del pub, y la calma que transmitían su respiración y el acento de Wiltshire susurrado en las conversaciones de los parroquianos hicieron que quisiéramos quedarnos a probar el ale local, que resultó ser extraordinario, aunque fuera acompañado por una bolsa de patatas Walker con sabor a cheddar y cebolla.

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Uno de los caballos blancos que suelen decorar las laderas de las colinas en Wiltshire

Avebury es el más grande de los complejos arqueológicos neolíticos y de la Edad del Bronce de todo Reino Unido. Ya sólo el henge principal -un círculo de piedras de once hectáreas de extensión, rodeado por una zanja de entre tres y cuatro metros de profundidad- resulta inabarcable para la vista desde el nivel del suelo y exige, más aún a causa de las modificaciones posteriores del paisaje, un itinerario que no pierda la perspectiva del conjunto. Buena parte del pueblo de Avebury está situado hoy en día dentro del círculo de piedra, con su calle principal atravesándolo por la mitad. Este hecho transforma por completo la experiencia de visitarlo. Uno camina entre granjas, atravesando verjas bajo la mirada desconfiada de las ovejas, sorteando una organización posterior del territorio para reconstruir con sus pasos la forma original que crean los enormes bloques de sarsen. Dentro del enorme círculo, dos círculos menores hacen más misterioso el conjunto.

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Esquema del círculo principal de Avebubury, con sus dos círculos menores dentro

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Vista aérea de Avebury hoy en día

Del círculo salen dos avenidas flanqueadas por monolitos que llevan a otras zonas del antiguo complejo sagrado y a varios de los mayores cementerios neolíticos hallados en la isla. Entre ambas, se alza, al borde de la carretera que lleva al complejo, Silbury Hill, la mayor montaña artificial de la Europa prehistórica.

Esa noche, ya en Oxford, leo sobre John Aubrey, que en 1649 descubrió, durante una cacería con base en el cercano castillo de Malborough, el sentido que se ocultaba en la aparente distribución caótica de rocas en el paisaje. I was wonderfully surprised at the sight of those vast stones, escribiría después, observando the segments of rude circles, made of those stones: whence I concluded, they had been in the old time complete. Una generación más joven, William Stukeley, pastor anglicano y médico, dedicaría buena parte de su vida al estudio de Avebury y Stonehenge. Su trabajo, que se conserva precisamente en la Bodleian Library de la ciudad de Oxford, documenta la destrucción de muchas de las piedras durante el siglo XVIII y su reutilización en la construcción. Stukeley es también el responsable de la vinculación de los monumentos megalíticos con la religión druidíca, que él consideraba, al igual que el cristianismo, una versión degenerada de una religiosidad patriarcal anterior.

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