Apuntes de un viaje por Inglaterra: Durham y los Evangelios de Lindisfarne

La historia de cómo un puñado de monjes irlandeses recuperó buena parte de Europa para el cristianismo es una de las más fascinantes que se puede rastrear en la llamada Edad Oscura. Y seguramente por eso suele llegarnos contaminada de leyendas e hipérboles que en ningún sitio se muestran tan amenas como en el famoso How The Irish Saved Civilization de Thomas Cahill. Exageraciones aparte, no deja de impactar encontrar monasterios e iglesias fundados entre el siglo VII y el IX por monjes irlandeses por toda Europa: San Rumoldo en Malinas, San Disibod en el valle del Rin -el suyo es el monasterio en el que creció Santa Hildegarda de Bingen, la protagonista de mi anterior post-, San Malo en Bretaña… El viaje de uno de ellos, de Brennan, dejó huellas de su paso por España: no es difícil reconocer al monje de Galway en el Brandán coruñés y el Borondón canario.

Seguramente en el futuro, uno de estos monjes, San Columba, juegue un papel importante en este blog, pero hoy quiero escribir sobre Cuthbert -no sé si en castellano se le llama Cutberto; yo voy a mantener de aquí en adelante los nombres propios en su lengua original-, en cuyo honor fue copiado el libro sobre el que trata este post.

Cuthbert nació cerca de Melrose, en lo que hoy es Escocia pero entonces formaba parte del reino de Northumbria. Tras haber sido abad de la famosa abadía de esta ciudad, hoy en ruinas, y pasar un tiempo viviendo como ermitaño en una cueva cercana a Holburn, Cuthbert aceptó el cargo de obispo de Lindisfarne, una pequeña isla en la costa oriental del norte de Inglaterra que albergaba un importante monasterio fundado por el irlandés Aidan y que hoy se conoce con el sobrenombre de la Isla Sagrada. Allí murió el 20 de marzo de 687 y allí estuvo su sepultura hasta que la amenaza de los raids vikingos llevó a los frailes de Lindisfarne a trasladar su sarcófago a Durham. Hoy se puede venerar al santo en la catedral de la ciudad, donde también está enterrado San Beda, su biógrafo y el primer historiador de la isla.

Fue en honor de Cuthbert que se copió un volumen ilustrado que contiene los cuatro evangelios y que hoy en día custodia y exhibe la Biblioteca Británica. Por eso no esperaba encontrarlo en Durham en mi última visita a la ciudad.

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Pocos edificios me han causado la impresión que me produjo la catedral de Durham la primera vez que la vi. Su sólida elegancia normanda tiene poco que ver con las filigranas góticas del minster de la cercana York y transmite una serenidad sobrecogida que he sentido en pocos edificios, tal vez sólo en las catedrales también normandas de la Apulia.

Por eso, en nuestra subida hacia Edimburgo decidimos parar y hacer noche en la ciudad antes de deciacarle el día siguiente al Muro de Adriano. Fue una sorpresa encontrar la exposición temporal del manuscrito de los evangelios de Lindisfarne y una suerte encontrar plaza, aunque fuera en uno de los últimos turnos, dentro del restringido sistema de visitas. Mi acompañante en el viaje debe de tener fortuna en esto de conseguir entrar en exposiciones extraordinarias e innacesibles: recuerdo una visita suya durante los años en los que yo trabajaba en Palermo que me llevó a poder visitar los mosaicos de la Capilla Palatina -cerrada entonces por trabajos de restauración- desde los andamios de los restauradores.

Los evangelios de Lindisfarne, realizados a principios del siglo VIII, son una muestra de la influencia de las técnicas de ilustracion de manuscritos del Mediterráneo en el imaginario del cristianismo celta y, en ese sentido, expresan a la perfección con el espíritu y las tensiones del cristianismo británico de la época. Los trabajos realizados por emisarios de Roma por acabar con las anomalías de un cristianismo que había sobrevivido relativamente aislado tras la marcha del imperio de la isla adoptaron su forma definitiva en los acuerdos del Sínodo de Withby que Cuthbert aceptó sin reservas y aplicó en su diócesis.

Os dejo con reproducciones de algunas de las páginas ilustradas del manuscrito que conseguimos ver ese día en la exposición. Aquéllos de vosotros que paséis por Durham antes del 30 de septiembre aún estáis a tiempo de visitarla. El resto podéis encontrar el manuscrito en Londres.

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Una página del manuscrito con el inicio del Evangelio de San Mateo

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Página 26 del manuscrito con una ilustración de la cruz

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El evangelista San Marcos

Vídeo de presentación de la exposición

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