Gerhaher y Huber – Mahler, 13 de enero de 2020

Teatro de la Zarzuela, Madrid

“Die Einsame in Herbst”, de Das Lied von Erde
Rückert-Lieder
“Revelge” y “Der Tambourg’sell”, de Des Knaben Wunderhorn
“Nicht wiedersehen”, de Lieder und Gesänge aus der Jugendzeit
“Der Abschied”, de Das Lied von Erde

Llevaba tiempo sin ver a Christian Gerhaher, que ofreció un recital memorable con algunas de las mejores canciones de Mahler. Gerhaher canta a ratos como si estuviese pensando y a ratos como si luchara. Alejado de cualquier efectismo y piroctecnia vocal, en sus versiones tanto la música como el texto son portadores de un significado que él debe exponer y a cuyo servicio se pone. En ocasiones sus pianissimi se hace casi inaudibles, como si cantase para sí mismo.

Esa falta de efectismo y un saber mantener los pies en la tierra son la esencia de su interpretación de los Rückert-Lieder, que llegan a la apoteosis del “Ich bin der Welt abhanden gekommen” sin ni siquiera un rastro de esa falsa trascendencia auto-otorgada y esa solemnidad fingida que encontramos en muchas otras versiones menores.

Su versión de “Revelge” y “Der Tambourg’sell” -de cuya versión orquestal ha grabado interpretaciones memorables con Boulez- adquieren un tono casi expresionista. En estas ocasiones es cuando Gerhaher parece que lucha. Existe un riesgo con Mahler y es el de interpretarlo de forma demasiado bella, el de esconder su momentos de fealdad buscada. Gerhaher deja que aflore cuanto de caricaturesco hay en estas canciones y se convierta en parte esencial de su efecto devastador.

El momento cumbre de la noche fue, por supuesto, la versión del último movimiento de La canción de la Tierra, en el arreglo para piano del propio Mahler. No es fácil esta versión. “Der Abschied” está asociado en nuestra memoria a sus texturas y timbres orquestales y cualquier interpretación mediocre va a hacer que pasemos la media hora que dura echándolos de menos. Gerold Huber estuvo impresionante aquí, recreando la música mahleriana con arrebato y precisión, sin caer en ningún momento en la tentación de las evocaciones orquestales. Gerhaher intepreta la canción como ningún otro barítono lo ha hecho. Su voz se convertía a veces en un susurro que flotaba en la sala de forma estremecedora y a veces adquiría una intensidad lírica densa y colorida. No hay manera de evitarlo, el Mahler de Gerhaher siempre me atraviesa como un cuchillo caliente entra en la mantequilla.

Tras una larguísima ovación, Gerhaher y Huber ofrecieron su estremecedora versión del “Urlicht” para los que seguíamos en la sala. Un servidor lo negará, pero dicen que vieron lágrimas en mis ojos.

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