Las sinfonías de Witold Lutosławski

Hay siempre razones -siempre comprensibles y siempre arbitrarias- por las que dejamos de lado a un compositor. El tiempo es limitado y, en mi caso, soy incapaz de entrar en la obra de un artista sin sentir la necesidad de dedicarle meses casi en exclusiva. Lutosławski además es una figura particularmente solitaria: lejos del dogma de Darmstadt, del minimalismo, de los postmodernistas… Sí, llevaba años sabiendo que su obra es esencial y años dejándola para más adelante.

Pero del mismo modo que cualquier excusa basta para posponer una escucha, cualquier excusa puede abrirnos las puertas. Esta vez, la ocasión la han ofrecido los dos discos que el sello Ondine acaba de publicar con las grabaciones que la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa ha hecho de las sinfonías de Lutosławski bajo la dirección de Hannu Lintu. Lintu y su orquesta llevan varios años publicando versiones excelentes de músicos nórdicos contemporáneos como Lindberg, Tüür y Saariaho y obras esenciales de autores del siglo XX como Bartók, Prokofiev, Messiaen o Berio, aparte de algún extraordinario e inevitable Sibelius. Pero es con estos dos discos cuando entran por primera vez en el ámbito de las discografías de referencia.

No faltan grabaciones de las sinfonías de Lutosławski. La Filarmónica de Los Angeles, que había encargado la Cuarta y para la que el compositor escribió una fanfarria que sería una de sus últimas obras, tiene publicada una integral notable bajo la dirección de Esa-Pekka Salonen. Recientemente el sello Chandos ha publicado también una colección de discos dedicados a Lutosławski que incluyen, entre muchas otras obras mayores, sus cuatro sinfonías. La interpretación, de verdad excelente, corre a cargo de Edward Garner y la BBC Symphony Orchestra. Existe también una integral de las sinfonías grabada por la Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca y Antoni Wit. Y todo esto se suma a las abundantes grabaciones realizadas en vida de Lutosławski bajo su dirección. Ninguna, sin embargo, iguala en mi opinión -opinión de recién converso, todo hay que decirlo- las de Hannu Lintu y los fineses.

Voy a ahorraros la biografía de Witold Lutosławski. Para eso tenéis la Wikipedia. De forma muy sintética, diré que nació en Varsovia en 1913, que en consecuencia vivió y sufrió todas las tragedias que fueron el destino de Europa Central durante el siglo XX y que hasta mediados de los años cincuenta de ese siglo no encontró una verdadera voz propia que desarrolló en una serie de obras maestras hasta su muerte en 1994.

La Primera Sinfonía de Lutosławski fue escrita durante el largo periodo de la Segunda Guerra Mundial, entre 1941 y 1947. Las fechas pueden engañar e invitan a imaginar una obra grave y trágica que refleje los años terribles de la guerra. Sin embargo, el tono, al parecer establecido antes del inicio de la invasión de Polonia por las tropas alemanas, es leve y juguetón. Esta Primera Sinfonía está lejos de ser una obra maestra, pero es una composición muy disfrutable que refleja dónde estaba la cabeza de su autor y cuáles eran sus referencias en la primera mitad de los años cuarenta. El primer movimiento acusa una influencia notable de Stravinsky, el adagio recuerda al Bartók de Música para cuerdas, percusión y celesta y a lo largo de toda la obra planea la presencia de Albert Roussell. El propio Lutoslawski, si bien nunca llegó a repudiarla, la consideraba, sobre todo, un callejón sin salida, una obra que cerraba un camino por el que no podía seguir avanzando. Estrenada en 1948, cuando el férreo control de la Unión Soviética se imponía en Polonia y el realismo socialista se convertía en el estilo obligatorio, la sinfonía fue una de las primeras obras condenada como “formalista” en el país. Hannu Lintu y la Sinfónica de la Radio Finlandesa ofrecen una lectura nítida, vibrante y llena de color de la sinfonía. El sonido es sencillamente espectacular.

Quien de esta Primera Sinfonía pase a Jeux Vénetiens sin conocer la obra de Lutoslawski va a llevarse una buena sorpresa. Estos Juegos Venecianos fueron escritos entre 1960 y 1961, casi veinte años después de la Primera Sinfonía y son la primera obra en la que su autor incluyó elementos aleatorios. Falta pues en estos dos discos música escrita por Lutoslawski durante la década de 1950, es decir, en el periodo en el que encontró un estilo propio. Tras una serie de obras en las que trató de adecuarse al realismo soviético, en 1954 Lutoslawski estrenó su Concierto para Orquesta, una obra netamente neoclásica que todavía hoy es tal vez la más frecuentemente interpretada de las suyas. En 1958, tras la muerte de Stalin, Lutoslawski estrena Música fúnebre, una obra dedicada a la memoria de Béla Bartók en la que toma forma su estilo de madurez. Decía el propio autor que fue aquí donde por primera vez dejó de componer aquello de lo que sabía capaz para empezar a escribir lo que quería. En Música fúnebre es donde Lutoslawski encuentra una manera propia de moverse entre las doce notas alejada tanto del dodecafonismo como de la música tonal. Sus solución pasa por crear espectros de doce notas en los que el uso de los intervalos establecidos surja más en función de su valor expresivo que como mera función estructural. Estas dos obras faltan en los discos que estoy comentando, pero resultan esenciales para entender la formación del estilo de su autor.

En 1958 Lutosławski oyó en la radio el Concierto para piano de John Cage. La escucha le abrió la posibilidad de la inclusión del azar en sus composiciones. En Jeux Vénetiens estos elementos aleatorios se ponen en juego por primera vez. La obra se estrenó en el Teatro de La Fenice en Venecia, como parte de la Bienale, de ahí el título, que no pretende para nada aludir a la ciudad como fuente de inspiración y que el compositor ni siquiera conocía antes del estreno. Sin lugar a dudas, ésta es su obra más vanguardista. La inclusión del azar, hay que decirlo, no tiene nada que ver con la improvisación, sino con el hecho de que los músicos interpretan determinadas partes de la partitura como solistas, sin sincronizarse con el resto de la orquesta. Esto crea contrapuntos aleatorios y una incursión controlada del azar en la música. A pesar de ser la obra más innaccesible de la colección, el detalle y el relieve con los que los ingenieros de Ondine capturan la interpretación, el rigor y la nitidez que Lintu extrae de la partitura y la fascinación abstracta de un solo de flauta en la tercera parte hacen de la escucha una experiencia interesante.

Dividida en dos movimientos y sintetizando todas las innovaciones de la Música fúnebre y los Juegos Venecianos, la Segunda Sinfonía de Lutoslawski muestra hasta qué punto las técnicas adoptadas por el compositor durante los diez años previos lo hacían capaz de crear texturas extraordinariamente complejas y envolventes. De nuevo la grabación de Ondine es extraordinaria, haciendo hincapié en la espacialidad del sonido, lo que permite apreciar y disfrutar el denso tejido sinfónico mejor que en cualquier grabación anterior.

Es probable que la Tercera Sinfonía sea el mejor objeto que ha sido bautizado con el venerable nombre de sinfonía después de la Segunda Guerra Mundial. Desde luego es la obra maestra de Lutoslawski. Compuesta entre 1981 y 1983, durante el turbulento periodo de la historia polaca que llevó a la aplicación de la ley marcial como respuesta al auge del movimiento Solidaridad, resulta difícil no oírla como expresión de ese tiempo de ansiedad y lucha, empezando ya desde el cuádruple Mi con el que se abre recordando la Quinta de Beethoven. Sin embargo, Lutoslawski insistió siempre en que su música no tiene un significado extramusical, aunque reconocía que todo lo que rodea a un artista influye en su obra.

La Tercera Sinfonía recopila y lleva a su culminación el estilo de Lutoslawski al mismo tiempo que es capaz de preocuparse por el oyente. Su autor solía decir que su música trataba de “pescar almas”, de conectar con el oyente a partir de afinidades de la sensibilidad y la experiencia, y esa preocupación es particularmente evidente en las dos últimas sinfonías. La obra tiene la estructura bipartita habitual en el Lutoslawski de madurez: una introducción que prepara al espectador y genera un estado de receptividad y un cuerpo principal donde ocurren las cosas más importantes. A estas dos partes se le añade un epílogo más sereno y una coda frenética. Ese epílogo lento es una de las cosas más bellas que he oído en mucho tiempo, una serena búsqueda de lo melódico que, a pesar del contexto totalmente distinto, me parece tiene algo de mahleriano. La versión de la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa sabe explotar cada detalle de la partitura, desde este súbito lirismo inesperado al caos controlado de los momentos ad libitum. El trabajo de las cuerdas es brillante, pero en esta sinfonía son los momentos de contrapunto entre los instrumentos de viento-madera los que hacen de esta interpretación algo memorable.

Precisamente la Cuarta Sinfonía encuentra su origen en el pasaje lento y casi mahleriano al final de la Tercera. De nuevo Lintu y su orquesta ofrecen una versión que no encuentra rival, ni siquiera en la Filarmónica de Los Angeles, que la estrenaron y para quienes fue escrita. La clarida de exposición en una obra más lírica que las anteriores y que se intuye o se sabe clausura de un universo sinfónico es estremecedora.

Witold Lutoslawski, Symphonies 2 & 3

Finnish Radio Symphony Orchestra
Hannu Lintu, director
Ondine, febrero 2020
Escucha el disco en Spotify.

Witold Lutoslawski, Symphonies 1 & 4, Jeux Vénetiens

Finnish Radio Symphony Orchestra
Hannu Lintu, director
Ondine, noviembre 2018
Escucha el disco en Spotify.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s