John Zorn: una guía para perplejos. II. Estrategias. Siete vías de entrada al laberinto (Tercera parte)

En entregas anteriores de esta guía del multiverso musical de John Zorn he repasado su reputación de postmodernista, sus indagaciones en la identidad cultural judía, sus proyectos vinculados al metal y su repertorio clásico. En este nuevo post propongo otra vía de acceso a su obra: ‘El lado amable’ investiga la relación del músico con géneros como el lounge y la exotica, parte esencial de algunos de sus proyectos más exitosos. En un último post daré cuenta de la contribución esencial de Zorn al campo de la música improvisada, tanto en su faceta de saxofonista como en la de organizador de piezas improvisadas; para terminar, en ‘Que florezcan mil Zorns’, trataré la tendencia en su discografía a la proliferación de proyectos y bandas más allá de las obras para las que fueron inicialmente creados y también la promiscuidad con la que se mezclan y transforman.

5. El lado amable de John Zorn

La presencia de elementos de easy listening en la música de Naked City y en las piezas postmodernistas del Zorn de los 80, de manera siempre fragmentaria y fugaz, mostraban ya un interés por parte de Zorn en un repertorio aparentemente alejado de intensidades vanguardistas. Sin embargo, el compositor siempre había mostrado su admiración por Les Baxter, rey de la exotica y de la música lounge durante buena parte de los 50 y 60. Quien hubiera seguido los volúmenes dedicados a sus bandas sonoras para cine durante la década de los 90 o las grabaciones del sexteto Bar Kokhba -parte del proyecto Masada-, habría visto como ese interés por las sonoridades del easy listening se plasmaba en estructuras cada vez más coherentes y desarrolladas (hay quien podría decir “más conservadoras”).

En 2001, aparece el tercer volumen de una serie de discos llamada Music Romance que en sus dos primeras entregas parecía haber sido un cajón de sastre de las distintas facetas de Zorn como músico empaquetado en envoltorios de diseño deslumbrante. En Music for Children y Taboo & Exile se mezclaban piezas de música de cámara, miniaturas metal o largos cortes de ambient. El tercer volumen, titulado The Gift, sin embargo, tiene una marcada unidad estilística: todas las piezas evocan los mundos de la exotica y el lounge. Percusiones latinas, vibráfonos atmosféricos, líneas melódicas a cargo de la guitarra eléctrica o el piano, aires de jazz de la Costa Oeste, toques de shakuhachi… En la tira obi que acompaña al CD se lee una declaración de intenciones que no puede sonar más alejada a la idea convencional de un disco de Zorn. The Gift es “an honest and heartfelt offering to music lovers the world over: an invitation to forget about the worries and cares of the world; to sit back and relax”. Y también, “a beautiful and lyrical exploration of surf, exotica, easy listening, and world beat”. Y exactamente eso es lo que ofrece la música de The Gift: el primer disco de Zorn que se puede pinchar entero en la recepción de un resort de playa.

Pero las cosas en este multiverso nunca son tan sencillas y este regalo es posiblemente un regalo envenenado. Zorn ha afirmado a menudo que él no hace música, sino discos, y que el componente visual de cada proyecto es parte esencial del todo. Tan pronto como se abre el paquete de este regalo, la decoración del libreto que acompaña el libro nos propone una serie de obras del artista británico Trevor Brown que representan a niñas orientales en situaciones fuertemente erotizadas y violentas. No voy a analizar aquí la tensión que The Gift establece entre música y diseño gráfico -John Brackett lo ha hecho muy bien en su libro John Zorn. Tradition and Transgression, imprescindible para todo aficionado-, pero es necesario señalarla para no perder de vista la complejidad de la que parte este “lado amable de Zorn”.

The Gift

Pero una vez digerido el diseño queda la música. ¿Qué sentido tiene para alguien como Zorn abrir, ya mediada su carrera, todo un proyecto de reivindicación no-irónica de un ámbito musical como el de la exotica y el lounge? Las razones serán muchas, sin duda, y no estaría de más recordar que la decisión de extraer todo el fruto posible de géneros denostados o considerados inferiores o marginales está en el centro de buena parte de la obra de Zorn, perocada vez que vuelvo a uno de los discos “accesibles” del Zorn del siglo XXI no puedo evitar que mi sensación más clara sea la de celebración. En The Gift y en los discos que le siguieron, lo que predomina es la alegría de la reunión de amigos que tocan juntos. El éxito de estás composiciones atmosféricas y, a menudo, relajadas es indisociable de su carácter de celebración del conjunto de músicos que llevan años tocando juntos. Ni siquiera el aire de all-stars de la vanguardia se impone a ese aire celebratorio, que han heredado los maratones en vivo de música de Zorn.

A The Gift le han seguido un puñado de discos bajo el nombre de The Dreamers. Todos son extraordinarios -la broma del disco navideño puede ser la excepción, pero hasta ése tiene su encanto-, aunque tal vez Pellucidar sea el más consistente. La formación que toca en estos discos -Cyro Baptista en la percusión, Joey Baron a la batería, Trevor Dunn en el contrabajo, Marc Ribot a la guitarra, Jamie Saft al piano y los teclados y Kenny Wollesen al vibráfono- es un verdadero dream team y se repite, con mayores o menores variaciones, en otros proyectos de Zorn.

Little Bittern: los Dreamers en estado de gracia

Gormenghast, un corte de Pellucidar

Si The Dreamers canalizan la admiración de Zorn por Les Baxter y por el exotismo de la música lounge de los años 50 y 60, en Alhambra Love Songs el neoyorquino por antonomasia rinde homenaje al jazz de la Costa Oeste y a la figura de Vince Guaraldi. La serie de composiciones arregladas para trío de piano están interpretadas por Rob Burger, Greg Cohen y Ben Perowsky y constituyen, sin duda, uno de los hitos de la carrera de Zorn. En su homenaje a la Costa Oeste, aparte de a Guaraldi Zorn le dedica piezas a David Lynch, Clint Eastwood, Harry Smith y a su amigo Mike Patton.

Pacifica, el lado oeste de John Zorn

Este aire más relajado ha aportado, en efecto, unas cuantas joyas a la discografía zorniana, pero también -es sólo mi opinión- algunos de sus trabajos más olvidables y reiterativos. Con la excepción de la joya que enlazo a continuación, por ejemplo, sus intentos de llevar este estilo al mundo de la canción en colaboraciones con Jesse Harris me dejan bastante frío.

Besos de sangre, con Sofía Rei, la verdadera joya del Song Project.

El interés por las tradiciones místicas y esotéricas occidentales ha dejado también huella en el Zorn más amable. Su Gnostic Trio ha grabado un puñado de discos maravillosos de delicados contrapuntos meditativos. Bill Frisell a la guitarra vuelve a colaborar con Zorn en este proyecto, acompañado de Carol Emmanuel al arpa y el unicuo Kenny Wollesen al vibráfono. Este proyecto puntillista es uno de los que tal vez ha grabado demasiado, pero su primer disco, The Gnostic Preludes es imprescindible.

Especial valor emocional tiene un album en el que el trío se convierte en sexteto. the Transmigration of the Magus es una obra escrita por Zorn para acompañar a su amigo Lou Reed en el trance de la muerte. Escuchándola es imposible no asombrarse de la confianza que el Zorn maduro tiene en el poder reconfortante y balsámico de la música.

The Middle Pillar, el primer corte del primer disco del Gnostic Trio

El regreso de Frisell a la troupe zorniana le ha permitido formar parte de otro trío acompañado de dos jóvenes guitarristas parte de la next generation de colaboradores. Con Gyan Riley, hijo del compositor Terry Riley, y el virtuosísimo Julian Lage, Frisell ha grabado dos series de tríos de guitarra dedicados a místicos cristianos: San Fracisco de Asís y, hace apenas un mes, Juliana de Norwich. El estilo es una continuación directa del trabajo para el Gnostic Trio, con piezas construidas como filigranas de contrapunto e influencias folk y de las músicas antiguas.

Espero que este repaso por el lado más amable de la obra de Zorn permita entender que lejos de un mero repliegue supone una serie de pasos decididos en su proyecto de reconocimiento de una tradición de la transgresión y su visión de la música como juego, celebración y rito.

(En la última entrega de esta guía exploraremos otra faceta de la obra de Zorn: su trabajo como improvisador.)

(Puedes comprar la mayor parte de los discos citados en este post en la web de Tzadik.)

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