Primera escucha: tres nuevas grabaciones de Das Lied von der Erde

En este blog se le hace bastante caso a ese subgénero de la industria discográfica que es el de las grabaciones de Gustav Mahler, casi otra industria en sí mismo. En los últimos meses he reseñado aquí la primera escucha de una decena de nuevas versiones de sus sinfonías, casi siempre correctísimas, sólo muy raras veces verdaderamente notables. Pero por numerosos que sean los lanzamientos mahlerianos -o su presencia, ay, en las salas de conciertos previas a la pandemia-, la publicación de tres nuevas grabaciones de Das Lied von der Erde en menos de un mes es un suceso que merece que le dedique algunos párrafos. Si además las tres son excelentes y se han ganado un espacio en la sobrecargada estantería dedicada a Mahler de mi discoteca, el deber se convierte en placer.

(Este post completa otro anterior de novedades discográficas de este verano.)

Gustav Mahler, Das Lied von der Erde

Gerhild Romberger, alto
Robert Dean Smith, tenor
Budapest Festival Orchestra
Ivan Fischer, director

Publicación: Channel Classics, 4 de septiembre 2020
Primera escucha: septiembre 2020

Gustav Mahler, Das Lied von der Erde

Sarah Connolly, alto
Robert Dean Smith, tenor
Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin
Vladimir Jurowski, director

Publicación: Pentatone, 28 de agosto 2020
Primera escucha: septiembre 2020

Gustav Mahler, Das Lied von der Erde

Lucile Richardot, alto
Yves Saelens, tenor
Het Collectief
Reinbert de Leeuw, director

Publicación: alpha classics, 18 de septiembre 2020
Primera escucha: septiembre 2020

Ivan Fischer completa y culmina aquí su integral mahleriana, a falta sólo de una Octava que, por lo que he leído, no tiene pensado grabar. Con su orquesta de Budapest y la ayuda de los ingenieros de Channel, Fischer se ha ganado una reputación merecida en el repertorio mitteleuropeo: el sonido cálido y brillante de la orquesta -que tan bien se presta a metáforas sobre el esplendor austro-húngaro- y la atención de Fischer a la partitura y al detalle y un cuidado de la claridad expositiva que nunca sacrifica la intensidad ni cae en la microgestión, convierten sus grabaciones en reencuentros excitantes con un repertorio conocido. Sus grabaciones de Mahler son tal vez el paradigma de esta aproximación. A quien nunca lo haya oído recomiendo como vía de ingreso su imbatible Cuarta, una de las más deslumbrantes jamás registradas o su bellísima Sexta. Y es que el único punto en el que el Mahler de Fischer puede resultar controvertido es en su compromiso inquebrantable con la belleza y en la contención -nunca cancelación- del sentido del humor. Todos sabemos que en Mahler hay ironía, parodia y, en ocasiones, franca vulgaridad. Fischer no las rebaja nunca -como a veces hacen Abbado o Chailly-, pero sí que las integra de forma natural, sin hacerles caso excesivo. Esperaba con ganas este disco y desde el inicio de la primera escucha me caben pocas dudas de que éste es uno de los puntos álgidos del ciclo y un disco al que habrá que volver.

Por el contrario, tenía pocas razones para esperar con interés la grabación de Jurowski. Sus registros de Mahler con la London Philarmonic Orchestra no han dejado en mí ninguna huella mencionable. Tempi a menudo excéntricos o directamente equivocados y cierta asepsia sonora las convierten en versiones que se olvidan al rato de oírlas. Aunque publicado algunos días antes del Lied de Fischer, Jurowski grabó esta interpretación en vivo un año más tarde. Cualquier desconfianza se deshace en los primeros minutos Das Trinklied vom Jammer der Erde. Jurowski y la Sinfónica de la Radio de Berlín ofrecen una interpretación acertadísima en ritmo, matices e intensidad y también aquí Pentatone ofrece un sonido formidable.

Hay de hecho mucho en común en ambas interpretaciones. Berlineses y húngaros ofrecen lecturas riquísimas en detalle, comparables en claridad expositiva a la rigurosísima grabación de Boulez. Y ambos conjuntos lo hacen sin sacrificar para nada el desarrollo orgánico de la música. Si hubiera que decidir, tal vez me quedo con Fischer y los de Budapest, que ofrecen unas texturas algo más ricas y, sobre todo, proponen una lectura más original -sombría, resignada y tenerísima- de la obra. Sin embargo, hay algo también notabilísimo y único en la elección interpretativa de Jurowski: los solistas vocales están más integrados en las texturas orquestales que en ninguna otra grabación que haya oído antes, resaltando así el carácter sinfónico de Das Lied sobre el de ciclo de canciones. En este sentido, la aproximación de Fischer es más tradicional.

Y es que Das Lied von der Erde es una obra con dos solistas vocales y el éxito de una determinada interpretación depende tanto de ellos como de la orquesta y el director. De nuevo aquí partimos de una similaridad. Robert Dean Smith es el tenor en ambas grabaciones. A sus 62 años este notable tenor wagneriano ha dejado atrás sus días de máximo espelendor vocal, aunque no tengo nada que objetarle en ambas interpretaciones. Tal vez con Fischer, y seguramente con la ayuda que proporciona la grabación en estudio, suena más relajado y clava con mayor precisión los momentos más complejos. El tenor ha sido el talón de Aquiles de no pocas grabaciones históricas, desde las de Bruno Walter o Bernard Haitink a la de Kent Nagano. Aquí, en ambas grabaciones, sin alcanzar a los grandes -Fritz Wunderlich con Klemperer sigue sin tener rival, aunque Waldemar Kmentt con Kubelik se le acerca-, Dean Smith cumple con su cometido.

Sin embargo, y por importante que sea el tenor acertado, quien consagra o hunde una interpretación de Das Lied es la contralto (o el barítono, en las versiones con dos voces masculinas). Sólo exagero un poco si digo que un Lied es tan bueno como el trabajo del solista en Der Abschied, su último movimiento. Y en esto ambos discos son excelentes.

Jurowski tiene nada menos que a Sarah Connolly. Su interpretación ha recibido críticas eufóricas -sobre todo en la chauvinista prensa británica- y las merece. Connolly ofrece una interpretación virtuosa y sublime, llena de sentimiento aunque sin caer en el sentimentalismo. Con su tono brillante y riquísimo, capta y transmite cada detalle de un texto del que no se pierde ningún matiz. Connolly tiene mucho de lo que ha hecho legendarias las interpretaciones de sus compatriotas Janet Baker y Kathleen Ferrier legendarias, sin los manierismos que hacen polémicas las de la segunda. Debo añadir, eso sí, un comentario personal: su vibrato en Der Abschied llega a sobrarme por momentos. A pesar de eso, la suya es una interpretación que juega en la misma liga que las grandes.

La interpretación de Gerhild Romberger en el disco de Channel ha polarizado algo más a la prensa. Hay quien la ha acusado de falta de sentimiento o ‘teatralidad’. Yo tengo que reconocer que su interpretación me parece formidable. Es más, que es el tipo de interpretación que considero ideal para las sinfonías mahlerianas. Vayamos por partes: en primer lugar, sonar a ‘cantante de concierto’ -la expresión la saco de la crítica de Grammophone- no es nunca un defecto en una obra que, no podemos olvidarlo, ni es una ópera ni pretende evocar el espíritu de una ópera. Por otro lado, ya desde Bernstein, abundan en el repertorio mahleriano los intérpretes que parecen no fiarse de la partitura, que necesitan exagerar el sentimiento o el humor o la furia o la desolación, como si no confiaran en la capacidad de la música o del oyente. En mi opinión, Mahler compone equilibrios delicadísimos entre extremos y basta atenerse a lo escrito y poner el esfuerzo no en exagerar sino en asegurarse de que cada matiz esté ahí. Por eso preferiré siempre el Mahler de Boulez al de Bernstein. Romberger con Fischer es más expresiva que Urmana con Boulez, pero ambas ofrecen una exactitud, una fidelidad al texto y a la partitura prodigiosas. Romberger además ofrece una interpretación originalísima, en consonancia con la lectura metafísica que propone Fischer, que cita el taoísmo y a Spinoza en las notas del disco. Lo prodigioso es que en esta despedida no hay lucha. Romberger parte de lo inevitable y su camino va de la resignación a la aceptación. La suya es una despedida oscura, pero sigue siendo transcendente. He disfrutado mucho el disco de Jurowski, pero el de Fischer me acompañará siempre.

Y ahora la versión para orquesta de cámara de Reinbert de Leeuw. No es posible oír esta grabación sin considerar que de Leeuw la eligió para que fuese su último disco y que la grabó ya sabiendo que moriría en pocas semanas. Éste es el testamento de un gran director del siglo XX, esencial en nuestra comprensión de mucha de la música de este siglo.

Pero, en primer lugar, hace falta preguntarse por el arreglo para orquesta de cámara. ¿Qué sentido tiene oír esta pieza en su versión reducida? Está claro que en tiempos de crisis económica y conciertos de aforo reducido, estas versiones son opciones pragmáticas, pero ¿hay algo más? Los defensores del arreglo que Schoenberg hizo de Das Lied para un comcierto de su Sociedad de Interpretaciones Musicales Privadas sostienen que este tipo de versiones reducidas permiten apreciar las líneas de forma más nítida, que lo que se pierde en textura se gana en claridad. En efecto, a ratos este tipo de versiones se parecen a observar el revés de un tapiz. De Leeuw ha ampliado la orquestación respecto a Schoenberg: el añadido de arpa y contrafagot resulta especialmente significativo y acertado y la presencia dominante de dos pianos y celesta alejan la obra de su sonido habitual y parecen acercarla a ratos a Bartok o Ligeti y a los compositores franceses del grupo de Los Seis.

Evidentemente los solistas tienen que esforzarse menos que cuando tienen una gran orquesta y, en esta versión Lucile Richardot sabe sacarle el máximo partido a este hecho acercado su voz a un verdadero susurro en no pocos momentos, un recurso enormemente efectivo que proporciona a esta versión un aura de intimidad emotiva muy especial.

Esta claro que estas lecturas reducidas no pueden sustituir a una grabación de la partitura original, pero las complementan y enriquecen nuestro conocimiento de la música de Mahler. Es muy posible que este testamento de Reinbert de Leeuw sea la mejor de las versiones de cámara de Das Lied.

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