Primera escucha (Marzo 2020. Primera parte)

(NOTA. Dado que la temporada de confinamiento se presta a más escuchas, he decidido partir en tres el post de este mes. Aquí va la primera parte.)

Por tercer mes consecutivo, publico aquí la lista de novedades discográficas a las que he terminado por hacer caso. Es tal vez el momento de dedicarle unas líneas a la relación ambivalente que tengo con la noción de novedad discográfica en el ámbito de la música clásica, que es a la que, a fin de cuentas, más tiempo dedico. El espacio central en el que ocurre la música clásica es la sala de conciertos. Si bien casi cualquier música está pensada para ser oída principalmente en vivo, en el caso de la música clásica o “de arte”, la sala de conciertos, con su aire semi-sagrado y sus códigos y protocolos está diseñada para recordar de forma constante que la experiencia discográfica es algo secundario respecto al concierto. Sin embargo, precisamente por ese carácter cuasi-religioso, la música clásica estaba destinada a convertirse en un espacio ideal para la proliferación del fetichismo de la grabación: la combinación de audiofilia y mitomanía (de intérpretes y repertorios) es el soporte ideológico en el que se fundamenta una industria que necesita seguir publicando una y otra vez un puñado limitado de obras. El culto al virtuosismo de los intérpretes y la visión de los maestros (con la correspondiente proliferación de grabaciones históricas y de registros de conciertos legendarios), el estudio de las técnicas de interpretación (históricamente informadas y/o con instrumentos de época) y la búsqueda de ediciones Urtext de las grandes partituras están en la base de actividades como la que realizo en este post. Resulta tan fácil dejarse llevar y convertir este armazón ideológico en una justificación para el consumismo desaforado como despreciarlo como puro fetichismo de la mercancía. Cualquiera de los dos casos evidencia lo fácil que resulta equiparar al aficionado de la música clásica con los tipos básicos del fan del pop: fanboys, groupies y puretas. Del mismo modo que muchos sufrimos y tratamos de combatir la sobreprogramación de Beethoven y Mahler en las salas de concierto a pesar de amar la música de ambos compositores, también es fácil ver lo ridículo de que casi cada semana se publique una nueva grabación de la Quinta Sinfonía de cualquiera de los dos. Pero también es fácil ver que por cada genio desconocido del primer Barroco que se desentierra, hay tres o cuatro que estaban mejor enterrados. Y que, parafraseando el famoso juicio de Puccini sobre Wagner, no pocas obras de compositores contemporáneos son imposibles de juzgar en una primera escucha, pero jamás le dedicaríamos una segunda. En mi caso, en los posts de este blog, trato de habitar esta tensión con la mayor naturalidad posible. Tengo en casa alrededor de veinte grabaciones de la Pasión según San Mateo de Bach y de no pocas sinfonías de Beethoven, Schubert, Mahler o Bruckner. Me resulta impensable manejar menos de cuatro o cinco grabaciones de un puñado de obras que considero favoritas. Y creo que tiene sentido seguir grabando música que lleva interpretándose doscientos, trescientos o mil años y grabándose desde la invención del disco. Pero también creo que la mayor parte de esas nuevas grabaciones son superfluas. Tengo, por otra parte, la certeza de que se escribe, estrena y graba una camtidad prodigiosa de nueva música y que perdérsela por mantener un culto un tanto necrófilo sería criminal. Todas estas ideas -un tanto contradictorias, lo sé- están en la base de estas reseñas. Seguir leyendo

Las sinfonías de Witold Lutosławski

Hay siempre razones -siempre comprensibles y siempre arbitrarias- por las que dejamos de lado a un compositor. El tiempo es limitado y, en mi caso, soy incapaz de entrar en la obra de un artista sin sentir la necesidad de dedicarle meses casi en exclusiva. Lutosławski además es una figura particularmente solitaria: lejos del dogma de Darmstadt, del minimalismo, de los postmodernistas… Sí, llevaba años sabiendo que su obra es esencial y años dejándola para más adelante.

Pero del mismo modo que cualquier excusa basta para posponer una escucha, cualquier excusa puede abrirnos las puertas. Esta vez, la ocasión la han ofrecido los dos discos que el sello Ondine acaba de publicar con las grabaciones que la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa ha hecho de las sinfonías de Lutosławski bajo la dirección de Hannu Lintu. Lintu y su orquesta llevan varios años publicando versiones excelentes de músicos nórdicos contemporáneos como Lindberg, Tüür y Saariaho y obras esenciales de autores del siglo XX como Bartók, Prokofiev, Messiaen o Berio, aparte de algún extraordinario e inevitable Sibelius. Pero es con estos dos discos cuando entran por primera vez en el ámbito de las discografías de referencia. Seguir leyendo

Primera escucha (enero 2020)

Hace unos días decidía retomar este blog, abandonado hace casi un lustro al poco de nacer, para poder llevar cuenta de los conciertos a los que asista este año. Se me ocurre ahora que tampoco es mala idea ir tomando nota de los nuevos discos que vaya oyendo. No sé si este afán contable es sólo fruto de la proverbial naturaleza emprendedora del inicio de cada año, ya veremos.

La verdad es que me interesan más ambos recuentos de forma estrictamente personal que como acto social y si decido piblicarlos aquí es sobre todo porque he descubierto que me resulta más fácil recuperar los textos que en el pasado publiqué en mis blogs que los que he ido archivando en ordenadores o carpetas que ha menudo se han roto o he perdido. Eso sí, ya que los hago públicos, estaré encantado de comentarlos con quien quiera hacerlo.

Hay etapas en las que me interesa más crecer en vertical y profundizar en lo ya conocido. Otras veces, paso por periodos en los que necesito la mayor cantidad dd novedades, abrir espacios que explorar más tarde. Este mes ha sido de este segundo tipo y por eso me limito aquí a las novedades, discos que he oído y que han sido publicados como mucho en los últimos seis meses. Seguir leyendo

ONE/Afkham – Rueda, Dutilleux y Bartók, 17 de enero de 2020

Auditorio Nacional de Música, Madrid

Jesús Rueda, Sinfonía No. 5 (estreno)
Henri Dutilleux, Mètaboles
Béla Bartók, A csodálatos mandarin (El mandarín maravilloso)

Orquesta Nacional de España
David Afkham, director

Con el paso de los años, Jesús Rueda ha ido contruyendo una obra inmediatamente identificable por su voluntad épica y su relación con lo natural. Este viernes se estrenaba en Madrid su Quinta Sinfonía, titulada “Naufragios”, una composición ambiciosa y formidable de la que la ONE ofreció una interpretación rigurosa y apasionada. Los naufragios a los que alude el título son alternativamente literales y simbólicos e inspiran una obra intensa y pesimista.

Aunque el carácter programático de la sinfonía no sea literal, ha resultado imposible no asociar el atmosférico primer movimiento -inspirado por la gesta épica de Cabeza de Vaca- a las pinturas oceánicas de cierta tradición orquestal atlántica. Ha sido el único movimiento tras el que ha habido una pausa, ya que los tres siguientes se han sucedido sin solución de continuidad.

El segundo movimiento ha sonado a scherzo con aire de “tiempos modernos” y claras alusiones al mundo de las primeras vanguardias del siglo XX y el jazz. Los metales y percusiones de la ONE estaban en estado de gracia esta tarde. El movimiento trata de ser una representación del origen humano e industrial del cambio climático, a mi gusto tal vez de una forma excesivamente obvia. Le ha seguido un estremecedor movimiento lento titulado “De profundis”. En este caso, los naufragios literales son los de los migrantes en el Mediterráneo y el dolor ha sido sincero y profundo.

El cuarto movimiento, “Europa”, el más rico y complejo, constituye una reflexión sobre el fracaso del proyecto europeo. Su carácter expresivo transmite un pesimismo que combina cabreo y algo de sorna. La orquesta ha seguido con precisión y entusiasmo sus ostinati, sus pausas repentinas, sus momentos melódicos casi líricos… En resumen, una obra fascinante de la que espero exista pronto una grabación.

Para la segunda parte del concierto, Afkham ha programado dos obras capitales del siglo XX. Era la primera vez que oía Métaboles en vivo. Dutilleux la escribió por encargo de George Szell para la Orquesta de Cleveland y sus cinco movimientos encadenados exploran las metamorfosis de su materal temático. La influencia stravinskiana y jazzística hacía. Deella un complemento ideal a la sinfonía de Rueda y la ONE ha sabido interpretarla con la exactitud y fluidez que la obra demanda. El público ha aprovechado para, sobre todo en el movimiento que lidera la percusión, exhibir su proverbial mala educación con la habitual cacofonía de toses.

Del Mandarín maravilloso de Bartók la orquesta ha ofrecido una interpretación apasionada y apasionante.

Gerhaher y Huber – Mahler, 13 de enero de 2020

Teatro de la Zarzuela, Madrid

“Die Einsame in Herbst”, de Das Lied von Erde
Rückert-Lieder
“Revelge” y “Der Tambourg’sell”, de Des Knaben Wunderhorn
“Nicht wiedersehen”, de Lieder und Gesänge aus der Jugendzeit
“Der Abschied”, de Das Lied von Erde

Llevaba tiempo sin ver a Christian Gerhaher, que ofreció un recital memorable con algunas de las mejores canciones de Mahler. Gerhaher canta a ratos como si estuviese pensando y a ratos como si luchara. Alejado de cualquier efectismo y piroctecnia vocal, en sus versiones tanto la música como el texto son portadores de un significado que él debe exponer y a cuyo servicio se pone. En ocasiones sus pianissimi se hace casi inaudibles, como si cantase para sí mismo.

Esa falta de efectismo y un saber mantener los pies en la tierra son la esencia de su interpretación de los Rückert-Lieder, que llegan a la apoteosis del “Ich bin der Welt abhanden gekommen” sin ni siquiera un rastro de esa falsa trascendencia auto-otorgada y esa solemnidad fingida que encontramos en muchas otras versiones menores.

Su versión de “Revelge” y “Der Tambourg’sell” -de cuya versión orquestal ha grabado interpretaciones memorables con Boulez- adquieren un tono casi expresionista. En estas ocasiones es cuando Gerhaher parece que lucha. Existe un riesgo con Mahler y es el de interpretarlo de forma demasiado bella, el de esconder su momentos de fealdad buscada. Gerhaher deja que aflore cuanto de caricaturesco hay en estas canciones y se convierta en parte esencial de su efecto devastador.

El momento cumbre de la noche fue, por supuesto, la versión del último movimiento de La canción de la Tierra, en el arreglo para piano del propio Mahler. No es fácil esta versión. “Der Abschied” está asociado en nuestra memoria a sus texturas y timbres orquestales y cualquier interpretación mediocre va a hacer que pasemos la media hora que dura echándolos de menos. Gerold Huber estuvo impresionante aquí, recreando la música mahleriana con arrebato y precisión, sin caer en ningún momento en la tentación de las evocaciones orquestales. Gerhaher intepreta la canción como ningún otro barítono lo ha hecho. Su voz se convertía a veces en un susurro que flotaba en la sala de forma estremecedora y a veces adquiría una intensidad lírica densa y colorida. No hay manera de evitarlo, el Mahler de Gerhaher siempre me atraviesa como un cuchillo caliente entra en la mantequilla.

Tras una larguísima ovación, Gerhaher y Huber ofrecieron su estremecedora versión del “Urlicht” para los que seguíamos en la sala. Un servidor lo negará, pero dicen que vieron lágrimas en mis ojos.

Marwood/Queyras/Melnikov/ONE/Méndez – Beethoven y Mahler, 14 de diciembre de 2019

Auditorio Nacional de Música, Madrid

Ludwig van Beethoven, Concierto para violín, violonchelo y piano en do mayor, opus 56
Gustav Mahler, Sinfonía No. 5 en do sostenido mayor

Anthony Marwood, violín (sustituyendo a Veronika Eberle)
Jean-Guilhen Queyras, violonchelo
Alexander Melnikov, piano
Orquesta Nacional de España
Antonio Méndez, director

Llevaba años sin asistir a un concierto en el Auditorio de Madrid y me apena confirmar que la salud de los madrileños sigue siendo mala. Tal vez sea culpa de esa contaminación que, según la Presidenta de la Comunidad, jamás ha matado a nadie, pero el concierto estuvo puntuado en todo momento por las toses y los carraspeos del público.

El Concierto Triple es tal vez el menos logrado de los conciertos de Beethoven. Hay días en que me parece un trío con acompañamiento orquestal y siempre corre el riesgo de convertirse en un concurso de egos (como en la desastrosa aunque legendaria grabación con Oistrakh, Richter y Rostropovich bajo la batuta de Karajan). Sin embargo, me gusta su aire relajado y expansivo, alejado de la urgencia imperativa de otras obras contemporáneas de Beethoven. Marwood es prácticamente un desconocido para mí. Sin embargo, he disfrutado mucho de grabaciones y conciertos de Queyras y Melnikov. Los tres estuvieron brillantes y contenidos, permitiendo, con un relajado enfoque camerístico, que Méndez se encargase de que la obra funcionara como concierto.

A la Quinta de Mahler Antonio Méndez supo extraerle todos los registros: el solemne, el arrebatado, el burlón y el gloriosamente optimista del último movimiento. Por debajo de los nueve minutos, su Adagietto fue uno de los más rápidos que he oído en directo sin sonar nunca apresurado, aunque también es cierto que la elección hizo evidente que la sección de cuerdas es donde la ONE tiene mayor margen de mejora. La orquesta, mucho más acertada que en otra Quinta que le oí hace algunos años, tuvo a ratos maneras y tonos de gran orquesta y el primer trompeta brilló de modo especial en una obra que es la pesadilla de los de su gremio.

Un buen reencuentro con una sala y una orquesta que han sido esenciales en mi vida.

Why do I still listen to jazz (and what do I talk about when I talk about jazz)

There are few art forms who represent better the spirit of twentieth century than jazz.  Its history and development run parallel to what Eric Hobsbawm called “the short century”, one that begins with First World War and ends with the fall of the socialist regimes of Eastern Europe. Jazz also is a perfect expression of many of the impulses that drive the century culturally and politically: modernism, anti-colonialism, and particularly of two tensions: that between individualism and collectivism and that between high and popular culture. Seguir leyendo